miércoles, 15 de marzo de 2017

Respetar la maratón: Marató Barcelona 2017

Este domingo pasado corrí por cuarta vez consecutiva la Marató de Barcelona y por tercer año consecutivo, la acabé. Esta no ha sido una Marató más, ha sido algo especial que me ha hecho que de nuevo le tenga un respeto increíble a la distancia. Acabar una maratón es jodido, muy jodido, y por muy bien preparado que vayas nunca sabes cómo te va a responder tu cuerpo. La verdad es que en mi fuero interno intuía que había cosas que no llevaba bien, que este año no sería tan “sencillo” como las dos experiencias anteriores, pero la ilusión de mejorar marca estaba ahí.

La verdad es que en los últimos 5-6 meses había acumulado bastantes kilómetros, más que los tres años anteriores, pero sí que tuve unos diez días en Enero que no pude entrenar (me salió una grieta en el pie) y además en febrero un fin de semana no pude hacer una tirada larga de 25 kms. Mis dudas se transformaron en casi en certeza cuando hice la tirada de 30 kms en la Maratest de Badalona en la que traté de seguir la liebre de 3 h 45 min (ritmo equivalente en Maratón), y en la que fui haciendo “la goma” hasta que tras el km 21 la acabé perdiendo de vista… hundiendo mi tiempo poco a poco. Es cierto que ese día cometí dos errores: primero salir demasiado abrigado (sudé muchísimo los primeros 10 kms) y querer estirar demasiado la vida útil de mis zapatillas de correr … así que tampoco ayudó! Con ello me planteé que 3 horas 45 era un objetivo poco realista, que sufriría en la Maratón si trataba de seguirlo. Así me marqué como meta mejorar mi marca de 2016: 3 h 56 minutos y 19 segundos. Para ello intenté fijar un objetivo de 3 horas 50 minutos y que trasladé a la pulsera de Pace your Run de Asics.

Todo preparado el día antes
Esperando el metro

50 minutos antes de la salida

Escenario espectacular en la salida


El día de la carrera me levanté puntualmente a las 6 de la mañana, comí mi desayuno habitual: huevos revueltos con salmón, plátano, zumo de naranja y café americano. Me vestí con todo lo que ya había dejado preparado para la carrera la noche anterior, visité el baño y cogí el coche. La idea era aparcar cerca de la estación de metro de María Cristina para llegar a Plaza España en metro. Todo fue según lo previsto y 50 minutos antes ya estaba en la salida. Allí dejé mi bolsa en el guardarropa (que funcionó a las mil maravillas, a diferencia de hace 2 años) y fui a ver si me encontraba con alguno de los Cangrebuguer de El Prat. En seguida di con Jordi, Xavi y su hijo Guillem. Al final ninguno de los dos corría y del grupete sólo corría Felipe (que salía en el primer cajón). Nos deseamos suerte y en seguida tocaba ir a la salida. Me meto en mi cajón, hago alguna foto de recuerdo y espero que llegue nuestro turno de salir mientras escucho como siempre sorprendido la explicación de un señor de unos 60 años que iba a correr la Maratón descalzo… acojonante.
Esperando en el cajón la salida

Llega nuestro momento de salir, suenan los acordes y Freddie y Montserrat nos hacen poner la piel de gallina, papelitos verdes (nuestro dorsal) volando y… a salir. Mantengo ritmo constante, intentando correr sin hacer demasiadas eses. Llego a Avenida Madrid y miro al balcón de Héctor donde me da la sensación de que hay alguien (en efecto, estaba mirando desde arriba). Numancia subida, regulo…

En vez de una playlist voy todo el rato escuchando la radio, M-80 radio, donde a la altura de Avenida de Les Corts están entrevistando a “Popeye”, el lugarteniente de Pablo Escobar, un tipo que asesinó personalmente a más de 300 personas y a más de 3000 por encargo… acojonante, merece la pena que alguien más lo escuche.

Llego al km 5 y voy bien de margen, unos 40-50 segundos por debajo del tiempo objetivo, hace calor y casi desde el principio me he quitado mis manguitos. Subimos desde el Camp Nou hasta la Avenida Diagonal y regulo ritmo para no excederme de pulsaciones. Estamos en la Diagonal, tramo algo desangelado y donde puedes ir relajado e incluso apretar sin subir mucho de pulsaciones al ser en bajada. Voy bebiendo de la botella de agua que he cogido en el km 5. Al llegar el km 10 voy casi con un minuto de margen respecto al ritmo objetivo y decido tomarme un gel. 

Bajamos por Numancia, todo este tramo es favorable y voy restando segundos a mi tiempo casi sin cansarme, en la radio suena “It’s the end of the world as we know it” de REM y me vengo arriba intentando animar al numeroso público para que anime (están un poco sosos). Llegamos a Plaça Espanya de nuevo y todo está bastante más soso que los últimos 2 años en que noté mucho más el aliento del público. 
Al paso por las Arenas

Entramos en Gran Vía y alucino cuando adelanto a unos corredores que llevaban una reproducción de la Torre Eiffel a cuestas… sentimiento entre payasada y admiración.
Estoy ya pensando en que falta poco para encontrarme con Mercè y los niños en Paseo de Gracia-Aragón. Con alegría me los encuentro y les doy un beso a todos: Joan, Clara, Guillem y Mercè. Aprovecho y les dos mis manguitos, la próxima vez que los vea, en el giro de Plaça de les Glòries, ya no estaré tan fresco. Sigo por Paseo de Gracia y me alucina ver a un corredor hacer la maratón con muletas: ¡sólo tiene una pierna! ¡Esto sí que es admirable y no la tontería de la Torre Eiffel!

Giramos por Rossellón y nos acercamos ya al km 15 donde al cabo de nada tendremos el primer avituallamiento sólido de la carrera. Cojo una botella de agua y un plátano y me lo como. Llegamos a Sagrada Familia y como ya sé dónde se ponen los fotógrafos oficiales me aseguro de que me hagan una buena foto. 
Posando en Sagrada Familia

Enfilamos la calle Mallorca, ya con la mente puesta en la dureza mental que supone el tramo de subida de la Meridiana. En el 18 me tomo un segundo gel y regulo para no subir pulsaciones. Meridiana transcurre sin contratiempos, aburrida como siempre hasta llegar a su final y poder dar la vuelta. En el km 20 vuelvo a coger agua y un buen plátano, pero como me noto la barriga llena me lo guardo para luego. Alcanzo la Media Maratón con 1 minutos y 48 segundos de margen para bajar de 3 horas 50 minutos, vamos, que voy bien. Se acaba por fin la Meridiana en un paso muy estrecho y en el km 22,5 y cojo un gel para luego (por si me falta un plus de energía).

Llegamos al cabo de nada al tramo más feo de la Marató: el tramo final de la Gran Vía. Aquí veo que ya no voy tan rápido como antes, aunque sigo con ritmos en línea para bajar de 3:50. Llegamos a Rambla de Prim y el cerebro agradece el cambio de visión y entorno, donde aprovecho para comer buena parte de mi plátano. Llegamos ya a Diagonal Mar, tramo también duro psicológicamente, pero con más animación que otros tramos de la Marató. Aquí sé que al final me espera la recompensa de encontrarme de nuevo con mi familia. En el 27 me tomo mi tercer gel. Damos la vuelta y sólo veo a Clara y Guillem que salen conmigo y corren unos metros a mi lado.

Después del subidón familiar trato de centrarme en analizar mi estado y hacer un diagnóstico: estoy corriendo más lento, pero mis pulsaciones están en el mismo punto o más altas, así que no puedo excederme más. Pienso que tengo colchón y que puedo gestionarlo para como mínimo mejorar mi marca respecto al año pasado. Como siempre me emociono al pasar por el punto donde me tuve que retirar 3 años antes pasado el km 30.

 Llegamos al final de Diagonal Mar y ya nos dirigimos hacia el tramo del Litoral, aquí me da la sensación de que he recuperado ritmo, pero es un mero espejismo o quizás el efecto tardío del último gel. Ya estoy en el Litoral y de repente me alcanzan las liebres de 3 horas 45 minutos que han salido en la salida posterior a la mía. Pienso que si me engancho a ellas me llevarán hasta mi objetivo de 3 h 50. Llego ya donde están mis cuñados y mis sobrinos como cada año animando delante de su casa, choco las manos y sigo en mi afán de superación. Estamos en el km 33 y veo que la cosa no pinta bien, las liebres las estoy perdiendo. Tengo ganas de llegar a Marina y contrastar con mi pulsera cómo voy de margen. Llego a Marina y me tomo con ansia mi último gel (sin contar el de la organización), el del chute de cafeína.

En el km 35 veo que voy clavado en el tiempo para hacer 3 horas 50, eso si soy capaz de correr los próximos 7 kms y 195 metros a 5:29 el kilómetro, pero es que en los últimos 14 kms me he comido casi dos minutos de colchón! Soy consciente de que es imposible y más cuando compruebo como a partir del 35 mis ritmos ya empiezan a ser muy malos: el 35 a 5:54, el 36 a 5:59… y así cada vez voy a peor.

Al pasar por debajo de Arco de Triunfo ya no es cuestión de ritmos, es que mis piernas empiezan a estar MUY tocadas. Tengo la sensación de que se me puede montar un músculo, un calambre, en cualquier momento. Me tomo con ansia otra pastilla de sales (ya me he tomado unas cuantas). Llegar a Plaza Cataluña supone un alivio, porque sé que Portal de l’Àngel hace bajada, pero no contaba con que tras la bajada hay una mínima subida hasta llegar a la Plaza de la Catedral. Tengo la sensación de correr a lo Chiquito de la Calzada. En el avituallamiento de la Catedral suplico por un plátano que engullo rápidamente a la vez que voy bebiendo.

 En Vía Laietana me noto los abductores (ahora sé dónde están) a punto estallar, tengo que concentrarme y pensar cómo dar cada paso para no hacerme daño. Se me pasa por encima que tendré que abandonar, pero sé que si lo hago será casi más doloroso tratar de llegar a la meta en transporte público, así que no hay opción a ello. Lo único que hace distraer mi mente es que justo en ese momento me adelanta el señor que corría descalzo y que estaba al lado mío antes de la salida.

El Paseo Colón se hace horroroso: ¡no tengo agua y la necesito! Ansío llegar al 40 en Paralelo para poder beber y tomarme un gel que me dé algo de energía para llegar. Sé que no voy a superar lo del año pasado y sé que tengo que correr mucho más lento. Con este pensamiento se aligera algo el sufrimiento: corriendo con la cabeza y mucho más lento.

Por fin llega la Avinguda de The Walking Dead, quiero decir, la Avinguda Paral·lel. Hay mucha gente tocada, mucha gente peor que yo, pero también me adelanta muchísima gente. Después de mucho sufrimiento llega el último avituallamiento de carrera en el Paralelo, me tomo un último gel y me bebo la botella de agua en dos sorbos. Sé que acabaré, pero es que la Plaza España no llega nunca. Veo tristemente un corredor desfallecido al que están atendiendo y me preocupo… Al cabo de nada veo a David de Blogmaldito haciendo fotos y… saludo a la cámara. Coño, estoy sufriendo como una bestia, pero sé que tengo el privilegio de poder acabar otro maratón, muy distinto y más sufrido que los dos anteriores.

Fotos de David Patán de blogmaldito

Se acerca el final del Paral·lel y… pica para arriba como nunca. Voy pasito a pasito despacito pero sin dejar de correr. Mis últimos 3 kms son cada vez más lentos: 40 a 6:58, 41 a 7:43, 42 a 7:28. Se acaba el Paral·lel y busco a mis hijos en la curva de entrada a meta con Plaza España, me cuesta pero al final los veo. Se vienen los tres tan contentos, pero Guillem (el mayor) me pregunta:

-¿Te ha pasado algo? Estábamos preocupados porque tardabas

A lo que Clara me dice

-Vamos papi, ¡corre!

Les explico que no puedo correr más, que estoy fastidiado pero también contento porque por fin voy a poder entrar en la meta con los tres. Los trato de coger de la mano y enfilamos los últimos 200 metros de la maratón. Cruzo la meta feliz por haberme superado, por no haberme rendido, por haber podido vencer la tentación de pararme, por haber corrido con la cabeza y no con mis piernas. 4 horas 1 minuto y 40 segundos… Más de 5 minutos peor que el año anterior. He tardado un 13% más en hacer la segunda mitad del maratón comparado con la primera mitad. 
Finalmente entrando con mis hijos

Nos hacemos una foto los cuatro para el recuerdo, feliz por haber logrado finalmente acabar la maratón y entrar con mis tres hijos a meta.
Feliz porque tras cuatro maratones he conseguido entrar a meta con mis hijos de la mano

Recibo la medalla que me he ganado y cojo todo el líquido que puedo. Intento recuperar fluídos y energía a base de Powerade, agua, plátanos y frutos secos. Tras recoger mi bolsa en el guardarropa (un 10 para la organización) nos juntamos con Mercè al lado de la Font Màgica donde se ha encontrado con los padres de Sofía (una amiga de Clara del cole). El padre, Abel, ha corrido su primera Marató y también ha acabado muy tocado los últimos kilómetros. Nos hacemos fotos y… para casa.


Una vez ya pasado un tiempo he podido ver que este año la Marató ha hecho más estragos que el año pasado. De hecho ya he mencionado el caso de Abel, pero es que Felipe de los Cangreburguer hizo la primera mitad de la marató en 1 hora y 36 y la segunda casi en 2 horas. También Andreu, compañero de trabajo, tardó lo mismo en hacer los últimos 12 kms de la Marató que lo que tardó en hacer los primeros 21. La sorpresa también es cuando comparo mi posición relativa en el global de la clasificación: he acabado en mejor posición relativa en 2017 que en 2016, y eso que tardé 5 minutos y pico menos en acabarla. Lo llamativo de todo ello es que durante y tras la carrera ingerí cantidades tremendas de líquido, pero solamente tuve ganas de hacer pipí a última hora de la noche.

Creo que tengo que sacar conclusiones de esta experiencia.

La primera es que hay que respetar la Maratón y estar alerta a todas las señales que te da tu cuerpo.

La segunda es que a pesar de que tenía la sensación de beber mucho, me faltó probablemente hidratación en carrera.

La tercera es que tengo que revisar mi alimentación en los días previos de carrera. Al seguir un estilo de alimentación paleo no hice carga de carbohidratos y probablemente mis músculos anduvieron escasos de glucógeno. Ya lo he comentado con Andreu López, mi entrenador on line.

La cuarta es que hay que descansar y dormir bien. Esto es algo que traté de controlar, pero es que aquella noche dormí 3-4 horas mal dormidas porque últimamente a mis hijos les encanta venirse a medianoche a nuestra cama.

Y la quinta y última, es que el cuerpo tiene límites, pero que la cabeza y fuerza de voluntad en ocasiones nos pueden ayudar a rebasarlos hasta cierto punto. Lo que está claro es que si me hubiera notado falto de energía y mentalmente nublado me hubiera parado, no pueden darse situaciones como la del corredor que vi desfallecido en el Paral·lel.

Ahora toca recuperarse y tomarse unos días de calma. En breve tenemos mudanza (nos cambiamos de piso), tengo el trabajo y además estoy haciendo un curso por las noches, así que no voy a poder entrenar todo lo que me ha requerido la Marató. Me plantearé algún triatlón sprint en mayo-junio si puedo o sino ya me iré hacia septiembre-octubre para participar en el Triatlón de Gavà o en el de Barcelona. El tiempo dirá.


Salud y kilómetros,

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