miércoles, 15 de marzo de 2017

Respetar la maratón: Marató Barcelona 2017

Este domingo pasado corrí por cuarta vez consecutiva la Marató de Barcelona y por tercer año consecutivo, la acabé. Esta no ha sido una Marató más, ha sido algo especial que me ha hecho que de nuevo le tenga un respeto increíble a la distancia. Acabar una maratón es jodido, muy jodido, y por muy bien preparado que vayas nunca sabes cómo te va a responder tu cuerpo. La verdad es que en mi fuero interno intuía que había cosas que no llevaba bien, que este año no sería tan “sencillo” como las dos experiencias anteriores, pero la ilusión de mejorar marca estaba ahí.

La verdad es que en los últimos 5-6 meses había acumulado bastantes kilómetros, más que los tres años anteriores, pero sí que tuve unos diez días en Enero que no pude entrenar (me salió una grieta en el pie) y además en febrero un fin de semana no pude hacer una tirada larga de 25 kms. Mis dudas se transformaron en casi en certeza cuando hice la tirada de 30 kms en la Maratest de Badalona en la que traté de seguir la liebre de 3 h 45 min (ritmo equivalente en Maratón), y en la que fui haciendo “la goma” hasta que tras el km 21 la acabé perdiendo de vista… hundiendo mi tiempo poco a poco. Es cierto que ese día cometí dos errores: primero salir demasiado abrigado (sudé muchísimo los primeros 10 kms) y querer estirar demasiado la vida útil de mis zapatillas de correr … así que tampoco ayudó! Con ello me planteé que 3 horas 45 era un objetivo poco realista, que sufriría en la Maratón si trataba de seguirlo. Así me marqué como meta mejorar mi marca de 2016: 3 h 56 minutos y 19 segundos. Para ello intenté fijar un objetivo de 3 horas 50 minutos y que trasladé a la pulsera de Pace your Run de Asics.

Todo preparado el día antes
Esperando el metro

50 minutos antes de la salida

Escenario espectacular en la salida


El día de la carrera me levanté puntualmente a las 6 de la mañana, comí mi desayuno habitual: huevos revueltos con salmón, plátano, zumo de naranja y café americano. Me vestí con todo lo que ya había dejado preparado para la carrera la noche anterior, visité el baño y cogí el coche. La idea era aparcar cerca de la estación de metro de María Cristina para llegar a Plaza España en metro. Todo fue según lo previsto y 50 minutos antes ya estaba en la salida. Allí dejé mi bolsa en el guardarropa (que funcionó a las mil maravillas, a diferencia de hace 2 años) y fui a ver si me encontraba con alguno de los Cangrebuguer de El Prat. En seguida di con Jordi, Xavi y su hijo Guillem. Al final ninguno de los dos corría y del grupete sólo corría Felipe (que salía en el primer cajón). Nos deseamos suerte y en seguida tocaba ir a la salida. Me meto en mi cajón, hago alguna foto de recuerdo y espero que llegue nuestro turno de salir mientras escucho como siempre sorprendido la explicación de un señor de unos 60 años que iba a correr la Maratón descalzo… acojonante.
Esperando en el cajón la salida

Llega nuestro momento de salir, suenan los acordes y Freddie y Montserrat nos hacen poner la piel de gallina, papelitos verdes (nuestro dorsal) volando y… a salir. Mantengo ritmo constante, intentando correr sin hacer demasiadas eses. Llego a Avenida Madrid y miro al balcón de Héctor donde me da la sensación de que hay alguien (en efecto, estaba mirando desde arriba). Numancia subida, regulo…

En vez de una playlist voy todo el rato escuchando la radio, M-80 radio, donde a la altura de Avenida de Les Corts están entrevistando a “Popeye”, el lugarteniente de Pablo Escobar, un tipo que asesinó personalmente a más de 300 personas y a más de 3000 por encargo… acojonante, merece la pena que alguien más lo escuche.

Llego al km 5 y voy bien de margen, unos 40-50 segundos por debajo del tiempo objetivo, hace calor y casi desde el principio me he quitado mis manguitos. Subimos desde el Camp Nou hasta la Avenida Diagonal y regulo ritmo para no excederme de pulsaciones. Estamos en la Diagonal, tramo algo desangelado y donde puedes ir relajado e incluso apretar sin subir mucho de pulsaciones al ser en bajada. Voy bebiendo de la botella de agua que he cogido en el km 5. Al llegar el km 10 voy casi con un minuto de margen respecto al ritmo objetivo y decido tomarme un gel. 

Bajamos por Numancia, todo este tramo es favorable y voy restando segundos a mi tiempo casi sin cansarme, en la radio suena “It’s the end of the world as we know it” de REM y me vengo arriba intentando animar al numeroso público para que anime (están un poco sosos). Llegamos a Plaça Espanya de nuevo y todo está bastante más soso que los últimos 2 años en que noté mucho más el aliento del público. 
Al paso por las Arenas

Entramos en Gran Vía y alucino cuando adelanto a unos corredores que llevaban una reproducción de la Torre Eiffel a cuestas… sentimiento entre payasada y admiración.
Estoy ya pensando en que falta poco para encontrarme con Mercè y los niños en Paseo de Gracia-Aragón. Con alegría me los encuentro y les doy un beso a todos: Joan, Clara, Guillem y Mercè. Aprovecho y les dos mis manguitos, la próxima vez que los vea, en el giro de Plaça de les Glòries, ya no estaré tan fresco. Sigo por Paseo de Gracia y me alucina ver a un corredor hacer la maratón con muletas: ¡sólo tiene una pierna! ¡Esto sí que es admirable y no la tontería de la Torre Eiffel!

Giramos por Rossellón y nos acercamos ya al km 15 donde al cabo de nada tendremos el primer avituallamiento sólido de la carrera. Cojo una botella de agua y un plátano y me lo como. Llegamos a Sagrada Familia y como ya sé dónde se ponen los fotógrafos oficiales me aseguro de que me hagan una buena foto. 
Posando en Sagrada Familia

Enfilamos la calle Mallorca, ya con la mente puesta en la dureza mental que supone el tramo de subida de la Meridiana. En el 18 me tomo un segundo gel y regulo para no subir pulsaciones. Meridiana transcurre sin contratiempos, aburrida como siempre hasta llegar a su final y poder dar la vuelta. En el km 20 vuelvo a coger agua y un buen plátano, pero como me noto la barriga llena me lo guardo para luego. Alcanzo la Media Maratón con 1 minutos y 48 segundos de margen para bajar de 3 horas 50 minutos, vamos, que voy bien. Se acaba por fin la Meridiana en un paso muy estrecho y en el km 22,5 y cojo un gel para luego (por si me falta un plus de energía).

Llegamos al cabo de nada al tramo más feo de la Marató: el tramo final de la Gran Vía. Aquí veo que ya no voy tan rápido como antes, aunque sigo con ritmos en línea para bajar de 3:50. Llegamos a Rambla de Prim y el cerebro agradece el cambio de visión y entorno, donde aprovecho para comer buena parte de mi plátano. Llegamos ya a Diagonal Mar, tramo también duro psicológicamente, pero con más animación que otros tramos de la Marató. Aquí sé que al final me espera la recompensa de encontrarme de nuevo con mi familia. En el 27 me tomo mi tercer gel. Damos la vuelta y sólo veo a Clara y Guillem que salen conmigo y corren unos metros a mi lado.

Después del subidón familiar trato de centrarme en analizar mi estado y hacer un diagnóstico: estoy corriendo más lento, pero mis pulsaciones están en el mismo punto o más altas, así que no puedo excederme más. Pienso que tengo colchón y que puedo gestionarlo para como mínimo mejorar mi marca respecto al año pasado. Como siempre me emociono al pasar por el punto donde me tuve que retirar 3 años antes pasado el km 30.

 Llegamos al final de Diagonal Mar y ya nos dirigimos hacia el tramo del Litoral, aquí me da la sensación de que he recuperado ritmo, pero es un mero espejismo o quizás el efecto tardío del último gel. Ya estoy en el Litoral y de repente me alcanzan las liebres de 3 horas 45 minutos que han salido en la salida posterior a la mía. Pienso que si me engancho a ellas me llevarán hasta mi objetivo de 3 h 50. Llego ya donde están mis cuñados y mis sobrinos como cada año animando delante de su casa, choco las manos y sigo en mi afán de superación. Estamos en el km 33 y veo que la cosa no pinta bien, las liebres las estoy perdiendo. Tengo ganas de llegar a Marina y contrastar con mi pulsera cómo voy de margen. Llego a Marina y me tomo con ansia mi último gel (sin contar el de la organización), el del chute de cafeína.

En el km 35 veo que voy clavado en el tiempo para hacer 3 horas 50, eso si soy capaz de correr los próximos 7 kms y 195 metros a 5:29 el kilómetro, pero es que en los últimos 14 kms me he comido casi dos minutos de colchón! Soy consciente de que es imposible y más cuando compruebo como a partir del 35 mis ritmos ya empiezan a ser muy malos: el 35 a 5:54, el 36 a 5:59… y así cada vez voy a peor.

Al pasar por debajo de Arco de Triunfo ya no es cuestión de ritmos, es que mis piernas empiezan a estar MUY tocadas. Tengo la sensación de que se me puede montar un músculo, un calambre, en cualquier momento. Me tomo con ansia otra pastilla de sales (ya me he tomado unas cuantas). Llegar a Plaza Cataluña supone un alivio, porque sé que Portal de l’Àngel hace bajada, pero no contaba con que tras la bajada hay una mínima subida hasta llegar a la Plaza de la Catedral. Tengo la sensación de correr a lo Chiquito de la Calzada. En el avituallamiento de la Catedral suplico por un plátano que engullo rápidamente a la vez que voy bebiendo.

 En Vía Laietana me noto los abductores (ahora sé dónde están) a punto estallar, tengo que concentrarme y pensar cómo dar cada paso para no hacerme daño. Se me pasa por encima que tendré que abandonar, pero sé que si lo hago será casi más doloroso tratar de llegar a la meta en transporte público, así que no hay opción a ello. Lo único que hace distraer mi mente es que justo en ese momento me adelanta el señor que corría descalzo y que estaba al lado mío antes de la salida.

El Paseo Colón se hace horroroso: ¡no tengo agua y la necesito! Ansío llegar al 40 en Paralelo para poder beber y tomarme un gel que me dé algo de energía para llegar. Sé que no voy a superar lo del año pasado y sé que tengo que correr mucho más lento. Con este pensamiento se aligera algo el sufrimiento: corriendo con la cabeza y mucho más lento.

Por fin llega la Avinguda de The Walking Dead, quiero decir, la Avinguda Paral·lel. Hay mucha gente tocada, mucha gente peor que yo, pero también me adelanta muchísima gente. Después de mucho sufrimiento llega el último avituallamiento de carrera en el Paralelo, me tomo un último gel y me bebo la botella de agua en dos sorbos. Sé que acabaré, pero es que la Plaza España no llega nunca. Veo tristemente un corredor desfallecido al que están atendiendo y me preocupo… Al cabo de nada veo a David de Blogmaldito haciendo fotos y… saludo a la cámara. Coño, estoy sufriendo como una bestia, pero sé que tengo el privilegio de poder acabar otro maratón, muy distinto y más sufrido que los dos anteriores.

Fotos de David Patán de blogmaldito

Se acerca el final del Paral·lel y… pica para arriba como nunca. Voy pasito a pasito despacito pero sin dejar de correr. Mis últimos 3 kms son cada vez más lentos: 40 a 6:58, 41 a 7:43, 42 a 7:28. Se acaba el Paral·lel y busco a mis hijos en la curva de entrada a meta con Plaza España, me cuesta pero al final los veo. Se vienen los tres tan contentos, pero Guillem (el mayor) me pregunta:

-¿Te ha pasado algo? Estábamos preocupados porque tardabas

A lo que Clara me dice

-Vamos papi, ¡corre!

Les explico que no puedo correr más, que estoy fastidiado pero también contento porque por fin voy a poder entrar en la meta con los tres. Los trato de coger de la mano y enfilamos los últimos 200 metros de la maratón. Cruzo la meta feliz por haberme superado, por no haberme rendido, por haber podido vencer la tentación de pararme, por haber corrido con la cabeza y no con mis piernas. 4 horas 1 minuto y 40 segundos… Más de 5 minutos peor que el año anterior. He tardado un 13% más en hacer la segunda mitad del maratón comparado con la primera mitad. 
Finalmente entrando con mis hijos

Nos hacemos una foto los cuatro para el recuerdo, feliz por haber logrado finalmente acabar la maratón y entrar con mis tres hijos a meta.
Feliz porque tras cuatro maratones he conseguido entrar a meta con mis hijos de la mano

Recibo la medalla que me he ganado y cojo todo el líquido que puedo. Intento recuperar fluídos y energía a base de Powerade, agua, plátanos y frutos secos. Tras recoger mi bolsa en el guardarropa (un 10 para la organización) nos juntamos con Mercè al lado de la Font Màgica donde se ha encontrado con los padres de Sofía (una amiga de Clara del cole). El padre, Abel, ha corrido su primera Marató y también ha acabado muy tocado los últimos kilómetros. Nos hacemos fotos y… para casa.


Una vez ya pasado un tiempo he podido ver que este año la Marató ha hecho más estragos que el año pasado. De hecho ya he mencionado el caso de Abel, pero es que Felipe de los Cangreburguer hizo la primera mitad de la marató en 1 hora y 36 y la segunda casi en 2 horas. También Andreu, compañero de trabajo, tardó lo mismo en hacer los últimos 12 kms de la Marató que lo que tardó en hacer los primeros 21. La sorpresa también es cuando comparo mi posición relativa en el global de la clasificación: he acabado en mejor posición relativa en 2017 que en 2016, y eso que tardé 5 minutos y pico menos en acabarla. Lo llamativo de todo ello es que durante y tras la carrera ingerí cantidades tremendas de líquido, pero solamente tuve ganas de hacer pipí a última hora de la noche.

Creo que tengo que sacar conclusiones de esta experiencia.

La primera es que hay que respetar la Maratón y estar alerta a todas las señales que te da tu cuerpo.

La segunda es que a pesar de que tenía la sensación de beber mucho, me faltó probablemente hidratación en carrera.

La tercera es que tengo que revisar mi alimentación en los días previos de carrera. Al seguir un estilo de alimentación paleo no hice carga de carbohidratos y probablemente mis músculos anduvieron escasos de glucógeno. Ya lo he comentado con Andreu López, mi entrenador on line.

La cuarta es que hay que descansar y dormir bien. Esto es algo que traté de controlar, pero es que aquella noche dormí 3-4 horas mal dormidas porque últimamente a mis hijos les encanta venirse a medianoche a nuestra cama.

Y la quinta y última, es que el cuerpo tiene límites, pero que la cabeza y fuerza de voluntad en ocasiones nos pueden ayudar a rebasarlos hasta cierto punto. Lo que está claro es que si me hubiera notado falto de energía y mentalmente nublado me hubiera parado, no pueden darse situaciones como la del corredor que vi desfallecido en el Paral·lel.

Ahora toca recuperarse y tomarse unos días de calma. En breve tenemos mudanza (nos cambiamos de piso), tengo el trabajo y además estoy haciendo un curso por las noches, así que no voy a poder entrenar todo lo que me ha requerido la Marató. Me plantearé algún triatlón sprint en mayo-junio si puedo o sino ya me iré hacia septiembre-octubre para participar en el Triatlón de Gavà o en el de Barcelona. El tiempo dirá.


Salud y kilómetros,

miércoles, 25 de enero de 2017

Cursa Festa Major El Prat de Llobregat 2016, carrera familiar

CURSA FESTA MAJOR EL PRAT DE LLOBREGAT

Llevo bastante abandonado este blog, pero la verdad es que no ha habido nada especial que contar desde que corrí la Maratón de Barcelona el pasado mes de marzo. Después de los días de recuperación que me suelo dar habitualmente tras el esfuerzo físico y psicológico que supone preparar una Maratón en invierno reinicié mis entrenamientos a finales de marzo. Volví con la idea de prepararme para hacer algunos triatlones en verano.
La verdad es que empecé bien, con intensidad volviendo a nadar, a coger la bici (haciendo rutillas por Collserola, tampoco muy largas)… Mi idea era correr en Junio el triatlón de Barcelona, pero… este año lo cambiaron de fechas de nuevo al mes de octubre. Y sucedió que al acabar los niños el cole y con una buena base de kilómetros detrás (abril y mayo había acumulado bastante más kms de bici, natación y de running que el 2015) me entró la perrería y la falta de motivación. Normalmente suelo aprovechar el mediodía para ir a entrenar, pero al estar los niños en casa me sabía mal ir a entrenar. La alternativa de hacerlo antes de ir a trabajar era viable, pero no había manera de levantarse temprano por la mañana. Así que Julio fue un mes nefasto, donde apenas hice nada de nada. Agosto retomé con ganas la bici e hice un par o tres de salidas estando de vacaciones y salí a correr 2 o 3 días.
Así en septiembre volví a la rutina y decidí marcarme un reto bonito: correr la media maratón de El Prat de Llobregat que se había cambiado este año a principios de noviembre. Entre tanto tuve como primer objetivo volver a correr la Cursa Popular de El Prat de Llobregat de 10 kms y donde el año pasado hice mi mejor marca personal con mi ansiado sub 50. Este año sólo con soñar llegar a 50 minutos ya me parecía un buen estímulo por mi poca base de entrenos, ya que en septiembre mi base era de apenas 53 kms de running en el último mes.
Aquel día tuvo algo adicional de especial para mí, y es que también apunté a Joan y Guillem a las carreras infantiles de la festa major.
El primero en correr fue Joan que lo hizo en la distancia de 400 metros y el segundo Guillem en 1600 metros. Menos mal que estaba mi madre y pudo estar con los niños y ayudarme con todo. 

Joan hacía un recorrido que era básicamente dar la vuelta a la pista de atletismo del Sagnier. El pobre salió muy rápido y en seguida se fatigó con flato, yo cuando le vi la carita decidí cogerlo de la mano y acabar con él. Caminamos un poco y en seguida se encontró mejor y acabamos corriendo para entrar en meta.






Guillem por su parte tenía un recorrido urbano y salía desde el mismo sitio que saldría yo al cabo de unos minutos. Le insistí en la importancia de no ser a tope, sino que quería que disfrutase y no se ahogase. Parece que me hizo caso, disfrutó de la carrera y acabó muy muy contento, incluso dio un salto enorme al cruzar la meta para tratar de rebasar a una niña.

Una vez ya dejé a mis hijos con mi madre bien aposentados tomando algo en una cafetería, me fui a la salida donde me encontré con Pau Codina, Xavi Borràs y su hijo Guillem. Allí le pregunté a Pau qué tiempo quería hacer y me comentó estaba un poco flojo, que estaba preparando la Maratón de Valencia y que su idea era ver cómo respondía e intentar ir por encima de 50 minutos. Fuimos todo el rato Pau y yo juntos y la verdad es que sobrados no fuimos en todo el rato. Este año el recorrido lo habían cambiado y había un trozo que pasábamos ladeando el Parc Nou ida y vuelta que se hacía muy pesado. Al final llegamos a meta con un tiempo discreto en un 10 K, pero para mi base de entrenamientos aceptable: 51:10. Pude entrar de nuevo con mis hijos a meta, pero especialmente satisfecho porque Guillem se lo había pasado muy bien.

martes, 22 de marzo de 2016

MARATÓ DE BARCELONA 2016

Ayer disputé por tercera vez la Marató de Barcelona. Mi tercera participación y la segunda vez consecutiva que la termino y cabe decir que cada año mejora.

Me apunté a la Marató ya a finales de noviembre y, como siempre, el entrenamiento fue duro. Levantarse temprano con el frío (eso sí, menos que otros años), las salidas nocturnas, a mediodía, a media tarde, corriendo por Sant Cugat, corriendo por El Prat (sólo un entreno de 21 kms), corriendo la Maratest de Badalona, corriendo con el frío de Vielha… en definitiva, fuerza de voluntad e ilusión.
Con mis hijos el viernes cuando fuimos a buscar el dorsal: siempre se lo pasan bomba
Este año se plantearon dos complicaciones adicionales: la primera (y más grande) es que mi hija tenía colonias ese mismo fin de semana (ya es casualidad) y suponía que el domingo a las 12 del mediodía teníamos que estar en la casa de colonias; la segunda es que justo era el primer fin de semana que teníamos abierto el negocio familiar tras muchos meses de trabajo y esfuerzo por parte de Mercè, mi mujer. Así, me fue de un pelo el no poder correr la carrera, pero por suerte lo pudimos organizar para que pudiese participar un año más.

El viernes fui con mis tres hijos a recoger el dorsal, la verdad es que me encanta ir con ellos para que vivan lo que supone un acontecimiento como una Maratón y también de este modo inculcarles el amor por el deporte (algo que mis padres no me inculcaron, eran otros tiempos). Como siempre se fueron llenos de regalos por parte de los patrocinadores y nos pudimos hacer las fotos de rigor previas a la carrera.

La noche anterior a la Marató dormí en casa de mi madre junto con mis hijos Joan y Guillem. Mi madre vive justo delante de uno de los puntos por los que pasaba la Maratón, así que a nivel logístico para ella sería muy fácil. Además ello me permitió a mí el poder ir tranquilo a la salida en metro, sin tener que depender de coche y con tiempo para ir tranquilo. Así que me levanto temprano (antes de las 6), desayuno paleo, me pongo todo lo previsto para la carrera (que de hecho ya había preparado minuciosamente el viernes noche) y me dirijo en metro a la salida. Aquellas horas la mayoría éramos corredores, abrigados porque el tiempo amaneció fresco aunque soleado. En el vagón del metro a las 7:15 de mañana  se produjo una curiosa mezcla de corredores con un nutrido grupo de gente que venía de fiesta (o que tenían intención de seguir con ella). Al llegar a la estación de metro de Plaza España, cierto colapso para salir, pero todos tranquilos y ordenados vamos saliendo. 
Casi una hora antes de la salida, la anaconda no daba mucha guerra

Una vez en la calle me dirijo tranquilamente hacia la zona donde suelen calentar los Cangreburguer, mis antiguos vecinos y colegas de entrenamiento cuando vivía en El Prat. Allí busco la viabilidad de salir junto con Jordi (que hemos compartido cajones en muchas ocasiones: 2 maratones, curses de bombers…) y si la cosa va bien poder correr juntos. Pero él va con un objetivo más ambicioso: 3 horas 45, algo que yo dejo aparcado para otro año y además sale en un cajón más adelantado. Allí también ha venido a animarnos Pau, que debido a su reciente accidente de moto no puede correr y se le nota que echa de menos el gusanillo de las carreras. Pau ha venido en bici desde El Prat y nos hacemos foto todos juntos.
Con los Cangreburguer y Pau en el centro
Llega el momento de ir a nuestro respectivo cajón, nos deseamos suerte. Entro en mi cajón y… ¡oh sorpresa! Estoy justo delante de Rafa Pérez (quizás el corredor popular más conocido de toda Cataluña) y que acostumbre a ir a ritmos de sub 3h en maratón. Estoy a punto de preguntarle qué hace en este cajón cuando veo que está con su padre, que también va a correr la Maratón, me parece algo muy bonito que sólo hace que engrandecerle, le envidio, ojalá yo hubiera podido compartir con mi padre esta pasión por el deporte (es algo que espero en un futuro poder hacer con mis hijos).
Antes de salir, con Rafa Pérez y su padre detrás mío
Mientras esperamos enciendo la app de seguimiento en vivo de la Marató (que este año SÍ funcionó, a diferencia de 2015) y decido correr escuchando música en la radio (no sé por qué mi móvil no detecta la tarjeta mircroSD donde tengo mi música). Dan la salida de los primeros cajones y me desprendo mi jersey azul viejo que llevaba para protegerme del frío de la mañana. Debajo llevo unas perneras en los brazos a modo de manguitos, guantes no muy gruesos y un buff en el cuello. Ahora hace frío y pasaremos por algunas calles a la sombra, así que como soy algo friolero decido llevar todos estos complementos hasta poder dárselos a mi madre en el km 15. Ya se oye a Freddie Mercury y a la Caballé entonar “Barcelona”. Está a punto de darse nuestra salida, me emociono, pienso en mi hermana, mi madre, mi mujer y mis hijos y… empezamos.
Acaba de dar el pistoletazo de salida, en la imagen superior estoy en la izquierda de la imagen, en la inferior a la derecha
Los primeros kilómetros por Sants me cuesta encontrar el ritmo objetivo: estoy en el cajón de 3:45 -4 horas y la gente está corriendo por encima de 6 minutos/km! Me encuentro verdaderos tapones y muros humanos y voy haciendo eses para poder adelantar a la gente. Demasiada gente este año al principio. Llegamos por fin a Avinguda Madrid y ya puedo correr más cómodo, me siento bien: yendo por debajo del ritmo objetivo (llevo la pulserita de “pace your run” de Asics para poder acabar en 3h 59, muy muy útil). 

La verdad es que me empiezo a sorprender muy gratamente de la cantidad de gente que hay animando en este tramos de Barcelona que normalmente está más desangelado (al  fin y al cabo son cerca de las 9 de la mañana de un domingo de marzo algo frío y estos son los primeros kms de carrera). Al girar por Numancia y subir aminoro el ritmo y todo me vuelve a confirmar el enorme cambio que ha habido en cuanto a animación de esta carrera: el año pasado recuerdo ver por casualidad a una conocida, pero este año está todo lleno de gente animando donde el año pasado casi sólo estaba ella con sus hijos (que ni siquiera estaban animando). Al llegar el km 5 veo que ya voy unos 22 segundos por encima del tiempo objetivo de 3:59, cojo una botella de agua (con tapón, ¡menos mal!, y casi mi único Powerade). Llegamos al tramo del Camp Nou y a pesar de la ligera primera subida mis pulsaciones siguen súper controladas y el ritmo sigue siendo bueno. Cuando ya encaramos el repechón fuerte que lleva del Camp Nou a la Diagonal aminoro el ritmo porque ya me he metido en Zona 5 de frecuencia cardiaca. Llego a Diagonal y recupero ritmo y pulsaciones. Llegamos enseguida al km 7,5 y decido tomarme mi primer gel (de los 4 que llevo).

Alcanzamos en seguida la Plaza Francesc Macià y busco a Carlos Rivadulla, un amigo de un amigo, lo veo y me dirijo hacia él, chocamos la mano y sigo. Bajando por Ugell me noto ágil de piernas y fresco como una rosa (es bajada) pero para mi sopresa voy alto de pulsaciones, en zona 5. Así que aflojo el ritmo para volver a asentarme en la zona 4.

Giramos por París y paso por delante del Fogón (bareto cutre desaparecido que frecuentábamos mis amigos y yo en nuestra época canalla) y me acuerdo de mis viejos tiempos. En breve llegamos al km 10 y veo que voy muy bien de margen, unos 2 minutos más o menos. Soy consciente que voy ligero de piernas y que estos últimos 3 kms eran francamente favorables. Me tomo mi primera cápsula de sales minerales para evitar calambres.

 En nada volvemos a llegar a Numancia y esta vez la bajamos dirección Plaza España. Mucha animación y estoy bien. Al llegar a Las Arenas miro el reloj y veo que son las 9:55, así que más o menos sobre las 10:10 me encontraré con mi madre y mis hijos en el KM 15. El tramo de Gran Vía siempre me parece un tanto aburrido, quizás porque por aquí he pasado en muchas carreras: la maratón, la media maratón, la Jean Bouin, la Cursa de Bombers… Finalmente llegamos a Passeig de Gràcia y aminoro algo el ritmo (aunque mi corazón sigue controlado de pulsaciones). Al acercarme a la calle Rossellón (donde giramos a la derecha) me voy preparando todo lo que debo entregar a mi madre en el km 15: manguitos, buff y guantes.

Llego finalmente a ellos: allí están Guillem, Joan y mi madre. Les doy un beso a los tres y veo con ilusión como Joan ha hecho un cartel que pone “Papi! Papi! Papi!” (sólo tiene 5 años). Me voy contento y sigo mi camino. Llego al primer avituallamiento sólido del recorrido y me cojo un plátano: hay que procurar comer y beber a lo largo del recorrido.  Llego en seguida a la Sagrada Familia y paso por delante de donde ya sé que se suelen poner los fotógrafos de Marathon Fotos (y me hacen un par de fotos para el recuerdo). 
Al paso por la Sagrada Familia
En seguida tomamos ya dirección de la Meridiana y en el km 17,5 me tomo mi segundo gel. Encaramos Meridiana, como siempre con mucha gente que hace que este tramo de la ciudad (no muy vistoso) sea más llevadero. Después de un par de kilómetros de ir viendo  a gente más adelantada que tú, toca llegar al final, dar media vuelta y encarar los últimos metros antes del Medio Maratón. En el km 20 cojo agua y otro medio plátano, me tomo mi segunda cápsula de sales. Todo va bien y me noto muy ligero de piernas y muy controlado de pulsaciones (casi en zona 3!) llego al Medio Maratón con 3 minutos de margen respecto al objetivo de 3:59, en 1 hora 56 minutos y 43 segundos.

Del km 20 al 25 hago mi mejor parcial, notándome bien, a pesar de algún que otro repecho. Sigo contento y ahora ya decido correr sin música, escuchar el sonido de mis pisadas, de los otro corredores y oyendo los gritos de ánimo. Encaramos el tramo final de la Gran Vía, el que para mí es más aburrido de todo el recorrido, ya que al no haber estaciones de metro cercanas casi no hay gente animando y además es un tanto estrecho para correr con comodidad. Finalmente, por fin, llegamos a la Rambla de Prim donde nos espera una agradable bajada y el punto kilométrico 25. En este punto vuelvo a coger agua, pero… se me escapa el avituallamiento sólido. Y no sé si fue a consecuencia de ello o no, pero a partir de entonces me empiezo a notar menos suelto (por otro lado lógico). Así que me tomo otro gel en el 26 y encaramos la Diagonal hasta la Torre Agbar: nos pega el sol, pero es llevadero. Vamos viendo también a los otros corredores que ya están de vuelta. Finalmente llego debajo de la torre y damos la vuelta: está a reventar de gente y me acuerdo como en los dos últimos años estaba aquí Mercè con los niños animándome, los echo de en falta. Intento imprimir un ritmo más alto, mi frecuencia cardiaca sigue controlada, pero en cuanto me despisto baja el ritmo objetivo. Me digo que tengo margen, que aunque baje a 6 minutos/ km tengo margen para bajar de 4 horas.

En el km 30 no se me escapan los plátanos y las naranjas, paso además por delante del punto en que abandoné hace dos años y me comparo lo bien que estoy en comparación (a lo que me tomo otra cápsula de sales anti calambres). Ya encaramos el Litoral. Allí me esperan de nuevo mis cuñados y sobrinos: les saludo contento, doy dos besos a mi cuñada, choco las manos con mi cuñado y sigo. El muro no aparece pero sí una señora que lleva un cartel que pone “el muro no existe”, a lo que yo grito: ¡no existe, son los padres! Y varios corredores alrededor mío ríen. 

Encaramos finalmente Marina, cerca ya del km 35 y me tomo mi último gel. Paso el avituallamiento y giramos por el Passeig Pujades. Un corredor extranjero me pregunta por el tiempo que llevamos, yo veo su dorsal y veo que es verde y le digo: tú saliste antes que yo, aunque él me contesta que no, que salió en mi cajón. Le comento el tiempo total y me pregunta el ritmo medio: 5:34/km le digo. Parece contento. Encaramos ya el Arc de Triomf y vuelve a  haber muchísima gente animando. Nos dirigimos ya derechos hacia Plaça Catalunya. En este punto me adelanta una conejita y hay un speaker animando a los corredores. En la bajada hacia Portal de l’Àngel hay muchísimas personas a ambos lados de la carrera, pero están casi todos callados (raro), somos varios corredores que alzamos los brazos y reclamamos sus ánimos y la gente se vuelve loca (y nosotros también) choco manos con muchos niños. En el avituallamiento de la Catedral vuelvo a coger agua y plátanos y encaramos Via Laietana.

Passeig Colon es algo más tedioso pero la ansiada (y temida) recta del Paral·lel está cerca. Al llegar al km 40 decido asegurar el tiro y llamar con el móvil a mi madre para saber seguro dónde estará con los niños al lado de la meta. Aquí, lógicamente, hago mi kilómetro más lento. Con todo el lío pierdo de mi cinturón una bolsita con geles, pero no quiero parar. Una chica al lado mío va muy, muy justa de fuerzas. Llegamos al último avituallamiento antes de meta y grita: ¡Energía, fuerza! Yo vuelvo a beber unos sorbos de Powerade y sigo.

 A la altura de km 41 alguien me saluda: es Jaime, un compañero de trabajo que está animando a los corredores. Me acerco ya a la Plaça Espanya, que parecía nunca llegaría.
Busco ya el punto donde mi madre me ha dicho que estaban: a la derecha de la marcha. Veo a mis niños: ¡¡¡¡mi ilusión cumplida!!!! Los cojo de la mano y echamos a correr: Guillem quiere ir rápido, pero Joan sólo tiene 5 años y tiene unas piernas más cortitas. En seguida se me cansa Joan y lo cojo en brazos, corro como puedo (correr, correr, no mucho). Al cabo de nada Joan me dice que ya está bien, que puede correr. El arco de meta está cerca y disfruto de este ansiado momento: la Maratón, la meta, un día perfecto, mi ciudad y dos de mis tres hijos. Entramos en meta. 3 horas 56 minutos y 19 segundos (la segunda mitad casi 3 minutos más lento: 1 hora, 59 y 37 segundo). Mi MMP, 11 minutos menos que en 2015. Sin niños habría bajado de 3:56, pero ¡qué más da!
Momento de gloria entrando en meta con Joan y Guillem
Me agacho y nos abrazamos. Estoy feliz. Nos hacemos fotos y vamos a recoger bebida, medallas y comida. Todo ha salido perfecto esta vez, el año que viene (que espero que haya año que viene) quiero repetir la experiencia entrando con mis tres hijos y con Mercè.
Ya finisher con mis hijos y tras una nueva MMP: 3 horas, 56 minutos y 19 segundos
Con mi madre y mis hijos 
¡Otra medalla que nos ganamos!
Ahora a ver si puedo seguir con mi rutina deportiva. La temporada de Triatlón está en el horizonte, pero creo que voy a ir más escaso de tiempo que nunca para entrenar.


Salud y kilómetros, 

lunes, 14 de diciembre de 2015

De vuelta

Tras varios meses de ausencia, he decidido retomar este blog. La verdad es que ya me he recuperado de la rabdio y en estos momentos estoy tratando de retomar cierta normalidad a nivel de entrenamiento. Dejar de entrenar con asiduidad hace que la vuelta sea más difícil y cuesta retomar viejos hábitos. También me conozco y sé que de cara a motivarme necesito apuntarme a alguna carrera o competición, en definitiva, tener un reto entre ceja y ceja. 

Así, desde hace unas semanas que estoy de nuevo apuntado a la Marató de Barcelona. Tras conseguir ser finisher en la anterior edición, este año tengo un doble reto: por un lado bajar de las 4 horas (lo cual veo factible), por otro lado (y este más motivante) poder entrar con mis hijos a meta. Este año por varios motivos se me privó de este privilegio, pero en  la edición de 2016 no se me escapa si consigo entrenar además como DIOS manda. Ya estoy siguiendo el plan de Andreu y vamos a ver cómo asimila el cuerpo, la familia y el trabajo mi volumen de trabajo.

Por de pronto, estoy muy acostumbrado a que mis tiradas largas fuesen siempre por el maravilloso Delta del Llobregat, perfecto en todos los sentidos para entrenar. Sabía exactamente hasta dónde tenía que correr en función de lo que me tocase correr ese día: 12 kms ida y vuelta hasta la playa, 16 kms si llegaba hasta el último punto de la misma. Además la superficie era perfecta: pista de tierra donde sufren menos las articulaciones. Finalmente la ventaja definitva:100% plano y fuentes cada kilómetro como mucho.

Sant Cugat NO es plano, todo lo contrario, es un continuo sube-baja. Las fuentes las cierran en invierno porque hace más frío, y luego además tengo menos caminos. Así que tendré que hacer que mis piernas corran por las pistas de Collserola, pero claro, eso no sé si es lo ideal para preparar la Marató... Además dos puntos más: la monotonía y mis entrenos nocturnos. Montonía: los dos últimos años he entrenado para la Marató, pero combinaba entrenar entre semana por Sant Cugat y mis tiradas largas por El Prat. Ahora todo es Sant Cugat, así que es muuucho más aburrido. Entrenos nocturnos: el año pasado me compré una luz en el pecho espectacular que hacía que correr de noche fuese más divertido y con más sensación de seguridad. Iba por el Delta del Llobregat haciendo tiradas largas a las 10, 11 de la noche. Ahora esas tiradas nocturnas por Sant Cugat no me atrevo a meterme por los bosques y caminos de Collserola, hay mucho jabalí suelto.

Así que no quiero que esto suene a retahíla de excusas, porque si todo va bien, lo entrenaré y la volveré a acabar. Lo que no sé es qué haré cuando acabe la Marató. Tengo ganas de probar cosas nuevas y me encantaría hacer un half, pero lo veo complicado para sacar tiempo. También me gustaría hacer mucha más bici de carretera que la que hago. Pero no adelantemos acontecimientos!

Ah! Por último! Hice una carrera a principios de octubre: la Cursa de Festa Major de El Prat de Llobregat, donde empezó mi periplo en carreras. Y logré finalmente ser sub-50 en un 10 K, fijando la marca en 47:10, así que como mínimo ya he conseguido tres cosas importantes este año: acabar la Marató, mejor marca personal en un Tri Olímpico y bajar de 50 minutos en un 10 K. Contento! 

Salud y kms, 


viernes, 21 de agosto de 2015

SOBRE MI EXPERIENCIA CON LA DIETA PALEO

Estos días que estoy parado para tratar de recuperarme de la rabdomiolisis y dado que no hay nada que destacar en mi caso a nivel deportivo creo que hay un tema que nunca he tratado: cómo mi silueta dio un cambio radical gracias a la paleodieta.

Yo llevaba más de dos años haciendo deporte con asiduidad (tres o cuatro sesiones por semana, correr, bici y algo de natación) y estaba cada vez más enganchado (yo nunca había sido especialmente activo). Por ello a finales de 2012 decidí recurrir a la ayuda  de un entrenador personal para que me ayudase a alcanzar con seguridad el que consideraba un reto mayúsculo: mi primera media maratón. Así llegué a AndreuLópez, mi entrenador personal on-line, y me marcó pautas de entrenamiento que seguí a rajatabla y que me permitió terminar  la Media Maratón de Barcelona de 2013 en menos de dos horas y dos semanas después la Media Maratón de El Prat de Llobregat (bajando mi marca en tres minutos). Cuando terminé la primera le envié un e-mail a Andreu que cambiaría mis hábitos alimenticios:

Hola Andreu,

Te escribo para decirte que la MM del domingo fue bien: la acabé. Intenté no ir a tope, excepto los últimos 2 kms que apreté un poco más…

Por último decirte que me gustaría bajar de peso y desde que hago deporte no he bajado, al contrario, he subido .Incluso con el entrenamiento para la MM no creo que haya bajado de peso. Tengo barriga y no me gusta, además creo que si  bajase de peso sería más rápido corriendo. En el pasado he estado bastante más delgado que en la actualidad, pero no hacía deporte y me era imposible subir una cuesta suave en bicicleta. Cuando me había engordado me ponía a dieta (marcada por dietista) y perdía lo ganado, pero no me gusta comer todo el día pollo a la plancha.  Ahora me siento fuerte y en forma pero cuando me miro al espejo pienso que no sirve de nada lo que hago y que estoy haciendo algo mal. Leo de forma habitual todo lo que llega a mis manos sobre preparación física (tus posts en el blog son sencillamente fantásticos) y siempre se habla del entrenamiento de fuerza para ganar masa muscular, elevar el metabolismo del cuerpo y así quemar más. Yo llevo haciendo 3-4 días de deporte a la semana desde hace 2 años y medio, pero la gente alucina con que corra Triatlones, nade en aguas abiertas, me suba montañas con la MTB, corra carreras de 10 kms y ahora una MM y sin embargo sigo con barriga (no es que sea barriga cervecera, porque se acumula todo a mi alrededor). Tampoco considero que coma especialmente mal, de hecho en casa con los niños procuramos comer bastante variado: verdura, legumbres, pescado, pollo, pasta, arroz... y al mediodía suelo comer ensaladas de lentejas, pasta o arroz en DIR de Sant Cugat. Por ello te querría pedir tu consejo y si pudiéramos adaptar los entrenamientos para también ir perdiendo volumen (no digo peso porque sé que muchas veces se gana peso y se pierde volumen), además de estar preparado para hacer un Triatlón o una carrera de 10-20 kms.

Muchas gracias de nuevo por tu ayuda!

Y es que sólo hace falta ver la pinta que tenía cuando acabé la MM de El Prat, vamos, ¡nadie diría que era un corredor de una Media Maratón!

Así estaba tras correr mi segunda media maratón en 15 días

Y esta fue la respuesta de Andreu, que fue, de hecho, la segunda vez que oía hablar de la dieta paleo (la primera fue una entrevista a Carlos Pérez, el autor de Paleovida, en la contra de La Vanguardia y me pareció una solemne tontería):

Hola Hugo,

Perfecto! Es normal sentirte así después. Aún tienes poca experiencia. Mañana intenta hacer sólo bici. 30-45’ suaves, sin forzar. Y el domingo haces…

Tema peso: por un lado los entrenamientos son variados, con lo cual eso ya nos ayuda a perder peso. Pero lo más importante es la alimentación.  Por lo que me dices no sigues las pautas de la paleodieta. Nosotros somos grandes defensores de estas pautas de alimentación:
Básicamente puedes comer: carnes, pescados, frutas, verduras, huevos, frutos secos. Cuando más ecológico y natural sea el alimento mucho mejor.
Y los alimentos a eliminar/recortar: cereales, pan, arroz, patatas, lacteos y en menor medida legumbres.

 O sea, se eliminan los hidratos de absorción rápido o alto contenido glucémico. Son alimentos que contienen pocos nutrientes y en el momento que los comemos nos hinchan pero al cabo de poco nos dejan con hambre cosa que hace que posteriormente tengamos que comer más. Tp digo de eliminar de raíz esto, pero sí que intentes comer menos pasta, menos pan, menos patatas... No se trata de quedarte sin hambre. Aquí nadie dice la cantidad que tienes que comer. Si tienes que comerte dos platos de verdura y 3 hamburguesas adelante. Son alimentos nutritivos y saciantes.

Y las grasas son buenas. La grasa ayuda a quemar grasa.

Te paso algún post que tenemos sobre el tema y cualquier duda me cuentas ok?

Al recibir esta respuesta me volvió a sonar a Chino esta alimentación, aunque empecé a dudar. A pesar de su sugerencia decidí que era un cambio muy radical y que requería estar bien informado antes de dar el paso a cambiar mi alimentación habitual. En aquella época estaba con una punta importante de trabajo y decidí que hasta que no estuviese más tranquilo no me pondría con ello.

Así a finales de Marzo de 2013 después de leer un poco por Internet llegué al libro de Robb Wolf “La Solución Paleolítica” que me compré en formato e-book, para así poder leerlo en cualquier momento en la Tablet o el móvil. Sus argumentos y explicaciones me parecieron convincentes, aunque a nivel científico era y soy un pagano. Al final me encantó su propuesta: ¿Por qué no pruebas durante un mes a comer así, y si no te convence vuelve a tus hábitos de siempre? Por ello decidí que fijaría una fecha concreta para iniciar mis 30 días: el 8 de abril de 2013 sería el último día en que comería “normal”, para iniciar mi prueba al día siguiente. ¿Por qué ese día? Porque el 8 de abril era el 70 cumpleaños de mi padre y tenía cena de cumpleaños familiar. De hecho no imaginaba que aquella foto del “antes” que me hice con él en la cena de su cumpleaños iba a ser la última foto que nos haríamos juntos (mi padre falleció el 26 de julio de 2013). Esta foto que veis aquí me emociona mucho, es mi “antes” y es mi última instantánea con él.


Así el 9 de abril me inicié en la dieta Paleo con el fantástico peso de 85,4 kgs, que con mis 178 cms de altura me fijaba en un índice de masa corporal por encima de 26, sobrepeso. La verdad creía que iba a ser más difícil, pero me fui adaptando rápidamente: al principio sustituí mi cortado con azúcar por cortado con leche de almendra y stevia, pero la verdad es que no me acababa de gustar (y la leche de almendras se me caducaba), así que acabé con café largo tipo americano sin azúcar. En los desayunos metí (y sigo metiendo) mucho huevo en lugar de  mi habitual bocata de jamón york: huevos fritos, tortilla francesa, huevos revueltos… La comida y la cena no eran tan problemáticas, con ensaladas, verduras y algo a la plancha ya me iba bien. Y la verdad es que el cambio funcionó y en el primer mes… me deshinché.


Gráfica de mi evolución de peso del primer mes de dieta paleo

Como se puede comprobar, en la primera semana es cuando experimenté la mayor pérdida de peso: 2,7 kgs y luego fui poco a poco bajando hasta que a principios de mayo, en menos de un mes, bajé de los 80 kgs. Con lo cual mis 30 primeros días resultaron todo un éxito a nivel de pérdida de peso, pero es que noté otro beneficio adicional: no tenía tanta necesidad como antes de recurrir a antihistamínicos para tratar mi alergia a los ácaros del polvo.

Así decidí continuar con mi alimentación (sin ser un ultra del tema) y llegó mi primer momento de reafirmación de que quizás Robb Wolf y Andreu tenían razón: lo que estaba haciendo era una dieta para ganar salud. En mi empresa se organizaba entonces una vez al año lo que llamaban “la semana de la salud” en el que cada día se organizaba una actividad distinta para que los empleados fueran a participar. Pues bien, un día vino una dietista de un centro cercano a nuestra empresa dedicado a lo que denominaban “anti aging” (Liferevolution, en Sant Cugat del Vallès). Fui a una de las dos charlas que nos dio y lo enfocaba todo desde el punto de vista de qué debíamos hacer para tener una mayor esperanza de vida: dormir 8 horas (siempre de por la noche y sin luz), ejercicio y alimentación. En alimentación sus recomendaciones: comer alimentos antioxidantes (brócoli, pescado azul, frutos del bosque, aguacate…), evitar productos refinados (harinas, azúcar, arroz, sal) y lácteos, consumir solamente aceite de oliva virgen extra prensado en frío, comer siempre que sea posible ecológico, evitar procesados y por último dijo aquellos alimentos a comer máximo una vez a la semana: pasta, arroz y legumbres. Todo ello me pareció sorprendentemente parecido a lo que yo estaba haciendo, así que en el turno de preguntas me lancé y le pregunté directamente (este fue el diálogo):

-Nos has dicho que comamos arroz, pasta o legumbres, así como lácteos sólo una vez a la semana, ¿pasa algo si directamente prescindo de ellos y no los como nunca?
-¿La dieta paleo? Es la mejor que puedes hacer.

Así, me sentí reafirmado y expliqué mi breve experiencia con la dieta paleo y los cambios a bien que había notado. Tras esta conversación le expliqué a todo aquel que me preguntaba acerca de mi notable pérdida de peso y  lo que me había dicho Carolina de Liferevolution. No obstante sobre todo se lo trasladé a mi mujer para que todos fuéramos partícipes de la dieta paleo o de la conveniencia de comer menos pan, pasta, azúcar, arroz…

Los siguientes meses siguió mi pérdida de peso, menos rápida que al principio pero, constante. A nivel deportivo, me noté más rápido a la hora de correr (quitarse, semejante peso de encima se nota). A nivel físico, me empezaba a gustar y a reconocerme cuando me miraba al espejo. Y siempre que me preguntaban explicaba las bondades de mi alimentación (odio que digan que estoy a “dieta” o que “sigo una dieta”, de hecho como mucho más que muchos de ellos).

 Lo que sí he cambiado desde entonces es mi actitud hacia los demás, ya no me pongo en plan talibán a la hora de defender la paleodieta, que cada cual coma lo que crea conveniente, tan sólo trato de defenderme cuando me atacan. Y es que en mi caso… ¡la familia de mi mujer han sido panaderos de toda la vida!
Peso
08/04/2013
85,4
10/04/2013
84,7
15/04/2013
82,7
18/04/2013
81,8
22/04/2013
83,0
23/04/2013
81,9
25/04/2013
81,5
29/04/2013
80,3
04/05/2013
79,7
14/05/2013
79,3
22/05/2013
78,4
06/06/2013
77,7
02/07/2013
77,5
15/07/2013
76,6
17/07/2013
75,9
23/07/2013
75,5
27/08/2013
73,6
02/09/2013
73,2
05/09/2013
72,6
09/09/2013
73,8
13/09/2013
72,4
19/09/2013
72,0
02/10/2013
71,2
08/10/2013
70,6

El resultado no puso ser más contundente: ¡en 6 meses había perdido 15 kgs!  Y la verdad es que desde entonces me he mantenido más o menos en peso.
Mi antes, el traje de triatlón no engaña
Aquí, mi después con 15 kgs menos


Todo esto siguió más o menos así, hasta que en el verano de 2014, me situé en peso por debajo claramente de los 70 kgs y mi mujer me sacó el tema de la dieta: que si estaba muy delgado, que comer tanto huevo no podía ser bueno… Me insistió que fuéramos a un especialista. Así fuimos a ver Carolina de Liferevolution: yo, mi mujer y mis hijos. Cuando me vio me dijo, ¿y cuál es el problema? Yo le expliqué mi alimentación y las dudas de mi mujer. Ella me pesó con una báscula biimpédica y me dijo que estaba estupendo, aunque quizás sí que se me veía demasiado delgado. Lo que sí le dijo a mi mujer es que todo el mundo debería comer como yo, que era fantástico y que ella y los niños también deberían seguir mi modo de alimentación. Lo que sí que me pidió fueron unas analíticas de sangre que salieron perfectas. Con ello mi mujer sí que se quedó más tranquila e intentamos incorporar mejores hábitos en la familia (aunque ellos siguen comiendo pasta o pan, aunque mucho menos que antes).

Un capítulo aparte merecería  el valorar la dificultad de seguir esta alimentación por parte de niños, ya que no es sencillo. Pero por ejemplo, rebozamos los libritos o la escalopa con almendra molida, freímos con harina de arroz, el brócoli lo toman en crema, les damos una vez por semana boquerones limpios sin espina, les damos sólo chocolate negro (mínimo 70% cacao, el 85% les encanta) y les gusta bastante las almendras o las nueces. Pero, para que negarlo, ¡es muy difícil el desayuno e imposible quitarles la pasta o el arroz a la cubana!

Por último algunos sitios donde compro:

-Carne ecológica de pasto: www.pirinat.cat Puedes comprar lotes de ternera, cerdo o pollo y es buenísima. Viene todo envasado al vacío en paquetitos, con lo que es muy fácil congelar. Te lo traen a casa.
-Fruta y verdura ecológica: www.yocomonatural.com Son productores de El Prat de Llobregat, sirven los martes y viernes a domicilio. Cada semana te envían listado de productos de temporada.
-Veritas: de todo ecológico, es el sitio donde encontrar las “pijadas”. Absolutamente prohibitivo.
-Carrefour Planet: en el del Gran Vía 2 tienen una selección de productos ecológicos y de comercio justo tremenda. Harinas de arroz y trigo sarraceno, pasta sin gluten, yogures ecológicos buenísimos, embutido ecológico, chocolate de Intermón Oxfam 70% cacao brutal, leche de coco…
-Aldi: este supermercado tiene una sección muy amplia de productos ecológicos a muy buen precio, imbatible. Lástima que tengan tan pocos puntos de venta.
-Lidl: café de comercio justo 100% arábica natural

Espero que esta entrada os haya sido de utilidad.

Salud y kilómetros,